22 de mayo de 2013

Discurso Graduación 2º Bachiller 2012-2013 (Ángel López)


     Hace alrededor de 251 días muchos alumnos comenzaban una de las batallas más arriesgadas de sus aún cortas vidas, unos pocos menos llegan al final. Tempestuosa la proclamada guerra contra Minerva, diosa de la sabiduría y los conocimientos ayudada por su fiel guardián Cronos, dios de los tiempos, quienes entorpecían a los mortales que nos aventurábamos al descubrimiento. Desafortunadamente, vivido por mis propias carnes y por las de mis más cercanos, supongo también en la de muchos otros, otros conflictos surgieron durante ese periodo, y es que si no eran suficientes aquellos dos, se les añadían Cupido, Fortuna, incluso la Parca y otros, crueles ciegos o tuertos entes molestando sin un criterio definido durante las pocas treguas que se nos concedían.
     Mi primer cometido es el de valorar a los “caídos en guerra” que estuvieron luchando hasta el final, algunos de los cuales tristemente no se encuentran hoy aquí  quizá por el miedo a una conjeturada como posible humillación ante los que afortunadamente se nos proclama “victoriosos”, valorar  a estos porque en realidad la victoria la proclamamos todos porque sin su amistad y apoyo, siendo este recíproco, muchos de nosotros no hubiésemos llegado hasta aquí; a aquellos que  intentamos sacar de las garras de estos entes tan injustos e irónicamente inexistentes que han causado tantos estragos, ya solo me queda decirles que no se rindan, que saldrán del terreno pantanoso en el que hace alrededor de 251 días nos metimos, que para el equinoccio de otoño, aquello que acostumbrábamos por mitificar como “Septiembre”, todos los fénix renacen, y que aunque hoy no hayan conseguido la prenda que a los demás nos entregan, son tan merecedores de estar aquí como nosotros.
     Por otro lado mi cometido aquí hoy es reconocer también las ayudas que se nos han sido dadas, y es que aparte de los compañeros como ya he contemplado antes, y familiares (espero que haya sido el caso de todos) que nos habrán ayudado firmemente a no rendirnos y no echar marcha atrás, quisiera también reconocer la labor de los que han hecho posible que avancemos, aquellos que han pasado un mínimo de 3 o 4 horas semanales con nosotros, siendo quien ha podido incluso más ya sea dando clases  extraoficiales, preparando excursiones fuera del horario, haciendo todo lo posible para que pudiéramos mantener clases prácticas en laboratorios, y demás, luchando así contra las adversidades que se nos han planteado desde hace unos cuantos años principalmente por el tema económico como ustedes ya sabrán. Por esto y por mucho más, como el trabajo que no se ve, pero que es esencial, quisiera reconocer la buena voluntad de estas personas aunque en ocasiones todo su afán haya provocado estados de presión o nerviosismo, siendo el principal caso el del monstruo conocido como “Selectividad”, que sin haberlo visto y sin saber quién tendrá que enfrentarse a él, todos lo conocemos mejor que la palma de nuestra mano aunque, claro está no es suficiente.
     
     Hablando de monstruos me vienen a la mente aquellas quimeras que pocos metros más abajo algunos padecimos en el pabellón del primer ciclo acechando a los niños que venían con su más tierna inocencia desde la primaria, aquel patio donde la ley era la ley del más grande, que hicieron a los más tímidos esconderse cual ratoncillo en la muy consagrada mía biblioteca, deseando que llegasen las clases de Javier Sol para que terminase el temario del día anterior ante el cual nos había dejado expectantes, ver como algunos de los compañeros se levantaban en clase aposta para pagar cinco céntimos en la hucha de Berta, … Cuando aparecía el director por allí todo el mundo quedaba asombrado, “¡el director nos honra con su presencia!” “¡Creo que da clases de biología!” Se oía decir por ahí; algunos de nosotros no olvidaremos el reloj Casio del famoso Elías que vino a sustituir a la pobre Sagrario cuando le dieron un tremendo balonazo.
Cuando en tercero subimos al otro edificio las puertas de la libertad en el recreo se abrieron, aunque para algunos la nostalgia de la biblioteca persistía junto con la admiración de esos que allí se encontraban con libros de tropecientas hojas y marañas de apuntes, los de bachiller; ¿quién diría que esos somos nosotros hoy en día? A partir de entonces recuerdo cosas mejores, los jueves a primera hora con Montse porque Asensio siempre llegaba tarde, las guardias con los problemas imposibles de Conejero que hoy en día sabemos medio-hacer, o las peleas del director con la pantalla digital haciéndole parecer ya no tan prestigioso como nos parecía en 1º.; todo esto junto con que fue entonces cuando conocí a muchos de los que son hoy mis amigos, o la oportunidad de realizar los Campus Científicos, que sé que para algún otro u otra supuso incluso mayores consecuencias en su vida personal que la diversión y aprendizaje me pudo dar a mí esta experiencia.
Acercándonos al presente recuerdo como si fuera ayer el comienzo del primer curso de Bachiller, cambio hacia una nueva etapa, gente que ya conocíamos que nos ayudaba a estar más calmados, gente nueva a la que acogimos como si fuesen de los nuestros, empezando todo por un simple “¿Tenéis Whatsapp?”, llegando casi todos  juntos al comienzo de la ardua batalla que ya he contado.
    
     ¡Bueno! , pero el pasado ya acabó,  nos queda mirar para adelante, porque quiero remarcar que esto no es una despedida, aquí no acaba nada, tan solo es el fin de una etapa de preparación a pesar de todo lo difícil que haya resultado, todo esto tenía como objetivo mostrarnos que podemos hacer en nuestro futuro, cómo ser independientes, fomentando lo mejor de nosotros, y quién sabe si esto deparará en que aquí se haya plantado la semilla del científico que sea capaz de erradicar el cáncer o el sida, el físico capaz de aunar la teoría cuántica con la teoría relativista, el mejor economista de todos los tiempos, el filósofo que se acerque a la verdad absoluta o simplemente y no menos importante un buen padre o madre, un mejor hermano o hermana, en definitiva, ”más que un hombre al uso que sabe su doctrina, ser, en el buen sentido de la palabra, bueno”; y es que de aquí a unos pocos años, el mundo será el legado que nos dejen nuestros mayores, estos que hoy nos enseñan, nos cuidan, nos atormentan aunque sea para nuestro bien, porque algún día ellos no estarán y nos tocará luchar por nosotros mismos, teniendo en cuenta también que nosotros no somos los últimos, y que deberemos dejar también un legado y una buena enseñanza, mejor a ser posible, claro está, que lo que se nos dará.
Por todo esto, mi consejo es que , si hemos sido capaces de llegar hasta aquí, como diría nuestro ya bien conocido Aristóteles, significa que hay algo en nosotros que está en potencia, y por favor, no lo desperdiciemos, como algunos se empeñan en que hagamos, sentándonos a ver la televisión todo el día si se nos presenta el más mínimo problema; muévanse, investiguen, descubran  para mejorar este mundo, porque aunque sea ínfima su aportación, todo océano está compuesto por minúsculas gotas tan pequeñas como las queramos considerar.

2 comentarios:

Rocío dijo...

Qué gran discurso, Ángel. Es precioso; nos dejaste a todos sin palabras.

Antonia dijo...

¡Enhorabuena, Ángel!
Jamás pensé que ciencias y letras estuvieran "reñidas", pero está claro que con tu discurso lo has puesto en clarísima evidencia.

Espero que el curso de Lengua te haya resultado interesante. A mí me ha encantado ver como cada día mejorabas en la asignatura.

¡Felicidades!