9 de abril de 2013

Texto argumentativo: Las desigualdades sociales



Cuando pensamos en la Edad Media y su sociedad feudal, nos sorprendemos de los privilegios que unos estamentos sociales tenían respecto a otros ; cuando se nos habla de la sociedad de castas de la India, nos choca que actualmente puedan seguir existiendo tales desigualdades y, sin embargo las desigualdades que se llevan a cabo en nuestro alrededor nos parecen mucho más tolerables.

Es cierto que en las sociedades capitalistas nacemos «menos predestinados» que en otro tipo de sociedades como las anteriormente expuestas ; la discriminación por razones de raza, sexo o religión, aunque sigue existiendo, está, al menos, penada por la ley, y así se supone que todo el mundo, independientemente de su procedencia, puede llegar hasta lo más alto valiéndose tan solo de su propio esfuerzo. Sin embargo, la verdadera desigualdad en las sociedades capitalistas vienen dadas por el poder adquisitivo. « Poderoso caballero es don Dinero », ya lo decía Quevedo en el siglo XVII, y a día de hoy no cabe duda de que tenía razón. Vivimos en un mundo en el que, la diferencia entre ricos y pobres no solo consiste en el poder adquisitivo de uno respecto de otros, sino que est
e poder se traslada a todas las áreas imaginables, dando prioridad a ricos, aumentando las desventajas de los pobres. Así, un rico ladrón podrá pagar su fianza y salir de la cárcel, y sin embargo, un pobre que robe, aún por necesidad, deberá cumplir su condena. Mientras el paro aumenta, los sueldos de banqueros y políticos apenas bajan, ni los de los « grandes jefes » ; podrán quebrar todas las empresas del país, podrá haber miles de empleados trabajando sin recibir un sueldo a cambio, pero un banco nunca quebrará : será « rescatado » las veces que haga falta y siempre se verá exento de cargos por su mala gestión.

El problema no está en tener más o menos dinero, sino en que el que tiene poco se ve incapacitado para salir de su situación, y cada vez se hunde más, presionado por los que « están arriba ». Es vergonzoso que a día de hoy, estudiar una carrera universitaria esté volviendo a convertirse en « cosa de ricos », que el IVA suba casi al mismo ritmo que el paro y que los escándalos de corrupción no nos parezcan motivo suficiente para destituir a un partido de la presidencia del país.

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