7 de marzo de 2013

¿Es correcto el uso de eufemismos?


Los eufemismos fueron creados para sustituir palabras tabú o que suenan mal; “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante” según la RAE. Sin embargo, ¿realmente puede haber palabras más feas y otras menos feas? ¿No será, más bien, un problema de la realidad que designan, que las afea?

Es cierto que algunas palabras pueden ir más cargadas de connotaciones negativas, pero si se sustituyen por otra palabra que designe la misma realidad, aunque al principio “despiste”, se acabará cargando de las mismas connotaciones, pues hace referencia a exactamente lo mismo. Por ejemplo, a una persona con sobrepeso, podrá sentarle peor que le digan que está gordo a que le digan que tiene sobrepeso, que es de “huesos anchos” o que está “rellenito”, lo que realmente suena mucho más ridículo... La realidad va a ser la misma, indiferentemente de como se designe. Lo mismo ocurre con las personas de “la tercera edad”, que originalmente podía “sonar mejor” que ancianos, pero después de años y años de uso se ha cargado de connotaciones similares: a nadie le gusta que le designen como “persona de la tercera edad”. Además, últimamente, se han comenzado a usar términos que designan realidades relacionadas con la situación económica actual: en vez de hablar de despido masivo se habla de regulación de empleo, ¿por qué? ¿para evitar decir la palabra “despido? Parece que se pretende convertirlo en una palabra tabú, como si esa realidad fuese a desaparecer por no mencionarla. Por otro lado, ¿cuánto trabajo les costaba a los políticos designar a la crisis económica por su nombre? Se habló de desaceleración, recesión, reajuste, coyuntura negativa... cuando en realidad lo más obvio y entendible por todos es la sencilla palabra crisis, hoy en día en boca de todos.

Los eufemismos no son más que un mecanismo hipócrita para intentar ocultar o disfrazar realidades, generalmente ajenas, que nos resultan incómodas. Lo más normal es que una persona con “sobrepeso” se autodenomine “gorda”, una persona “de color” diga que es “negra”, un “invidente” sepa que es “ciego” y una “persona de la tercera edad” se queje de lo “vieja” que es. Porque cuando se convive con una realidad día tras día, se hace patente que la forma más clara y directa de denominarla solo conlleva naturalidad, y que, sin embargo, las connotaciones negativas están ya impregnadas en la propia realidad que designan.

1 comentario:

Antonia dijo...

¡Exacto!Lo que hay que atajar son las realidades que provocan esos "significados" negativos, o bien dotarles de dignidad : facilitar acceso a la vida pública y social a las personas con minusvalías, proteger y prevenir a las familias sobre las consecuencias que situaciones económicas adversas en el mundo empresarial pueden provocar en sus vidas, etc. El conocimiento no es el enemigo. Estoy de acuerdo con que la realidad no se debe ocultar: existe.