10 de enero de 2013

La influencia de los adultos en los hábitos de los jóvenes

A lo largo de los años, se ha llegado a la conclusión de que en la mayoría de los casos, los hijos son el reflejo de los padres, pero los hábitos de estos últimos, no siempre son adoptados por los hijos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta la personalidad y los gustos de cada persona, estos son diferentes, y aunque a un familiar cercano le atraiga una determinada actividad o le guste mucho hacer algo, a nosotros no nos tiene por qué influir o arrastrar a realizar esta actividad.

El ejemplo más sencillo lo podemos encontrar en cualquier familia, donde a uno de los padres le gusta mucho el fútbol y lo ve junto a uno de sus hijos con frecuencia y al otro hijo le atre otro tipo de deporte y odia el fútbol. Los hábitos son muy diferentes, en la lectura pasa lo mismo, puede que la madre lea casi todos los días y que, en cambio, a sus hijos no les atraiga mucho la lectura. También puede pasar que unos tengan el hábito de salir a pasear y que otros no quieran salir de casa, etc.

Otro punto de vista desde donde se puede tratar este tema es la visión que dan las campañas publicitarias sobre esta influencia de los hábitos de padres a hijos, para entenderlo mejor, pongamos un ejemplo, en algunos mensajes de fomento a la lectura aparecen padres leyendo e hijos que hacen lo mismo que ellos. Estas imágenes, a mi modo de ver, no se acercan a la verdadera realidad, ya que estos hechos pocas veces se dan, son mera casualidad.

Además, si esto ocurriera, sería con niños pequeños, ya que estos tienden más a imitar a los padres y en la dolescencia, los jóvenes no suelen hacer lo que hacen los padres, porque en esta etapa se vuelven bastante reveldes y hacen lo contrario que ellos.

Por último, cabe decir que aunque los hábitos de los padres sean diferentes a los que adoptan sus hijos, esto no es un gran problema, porque muchas veces las actividades que desarrollan tienen como motivación el gusto personal, y como dijimos al principio, según la personalidad de cada persona, variará su modo de ser, y mientras que esto no derive en faltas de respeto y mala educación no hay por qué preocuparse.

4 comentarios:

Antonia dijo...

Estoy de acuerdo en que las actividades, aficiones, etc que desarrollamos están estrechamente relacionadas con los gustos personales, pero creo que muchas veces, esos gustos se desarrollan porque queremos parecernos a alguien a quien amamos o admiramos (padre/madre, hermano/hermana, amigo/amiga.... Y justamente, creo que a veces, aborrecemos algo solo porque odiamos a la persona que para nosotros representa esa "actividad".

Rocío dijo...

Me ha gustado tu texto, Marcos, estoy de acuerdo contigo en casi todo lo que dices. Sin embargo, yo no creo que cuando un hijo actúa de la misma manera que un padre sea mera casualidad, pues como suele decirse "todo se pega" y más aún a los niños pequeños, que son tan dados a imitar a los adultos.
Por otro lado, pienso al igual que tú que al crecer estos hábitos adquiridos suelen cambiar...

Carla Portillo dijo...

Es un buen texto argumentativo Marcos :)Sin embargo también estoy muy de acuerdo con lo que ha dicho Rocío

Marcos Delgado Álvaro dijo...

La verdad es que según pasan los años nos parecemos más a nuestros familiares cercanos, sobretodo a nuestros padres, pero durante la niñez y la adolescencia yo creo que no es así.
Y estoy de acuerdo en lo que dice Antonia sobre que, a veces odiamos una actividad al ver a una persona que la representa, y esta tampoco nos gusta.