15 de enero de 2013

¿Ciencias o humanidades... qué nos hace más cultos?



Hoy en día, podemos tener la sensación de que la cultura está muy extendida en nuestra sociedad, al menos comparándola con épocas y sociedades anteriores. Un 28% de la población española en edad activa tiene preparación universitaria o superior, y actualmente alrededor del 75% de los jóvenes terminan el bachillerato. Sin embargo, tener una carrera no significa ser culto.

Para comenzar, la tendencia actual es a estudiar por obligación, sin plantearse si realmente se disfruta (o mejor dicho, sabiendo que se detesta), es decir, estudiar, aprobar, estudiar, aprobar, y siguiendo este ciclo llegar a conseguir un título de grado y poder hacerse un hueco con suerte en el mercado laboral. Sin embargo, ¿es esto ser culto? Un alumno puede aprobar perfectamente consultando y estudiando solo los apuntes que tomó en clase... No obstante, para llegar a ser culto, para llegar a conocer realmente un tema, hay que interesarse por él: consultar diversas fuentes, echarle tiempo, llegar a entenderlo, y disfrutar con ello, y es ahí donde se encuentra la diferencia entre el alumno mediocre y la persona culta. De este modo, una persona sin ningún tipo de ambición, sin curiosidad, podrá llegar a sacarse una carrera, sufriendo (o sin sufrir demasiado si tiene la suerte de poseer una memoria prodigiosa), y podrá llegar a tener las nociones básicas y suficientes del campo que haya estudiado (sabrá de derivadas, integrales, formulación química, leyes físicas, latín, griego,del funcionamiento de la economía, diseñar piezas mecánicas...), pero nunca podrá llegar a ser culta, pues su conocimiento terminará donde acaban sus apuntes, sabrá un poco de todo, pero no entenderá el porqué de nada.

Es por esto, que la cultura no se encuentra en mayor proporción ni en las ciencias ni en las letras, sino en la curiosidad de cada uno. Una persona puede ser perfectamente culta desconociendo los campos que no ha estudiado. Por ejemplo, un historiador puede saber infinidad de datos, conocer y entender la historia de manera más o menos objetiva, pero sin embargo desconocer las leyes de la física cuántica, y en mi opinión esto es completamente lícito, no significa que esta persona no sea culta, pues las personas cultas, los grandes genios y figuras nunca sabrán de todo, sino que dominarán su rama. El problema de la cultura/incultura viene cuando una persona que solo maneja su campo, y a veces ni se da este caso, intenta informar de otros asuntos, y mete la pata por no reconocer y admitir su ignorancia, por creer que el hecho de haber seguido una formación elemental significa que es una persona culta. Este problema lo observamos en los periodistas cuando tratan temas relacionados con la ciencia, pero también en los ingenieros, y no solo cuando tienen que redactar, sino también cuando se trata de transmitir sus conocimientos de matemáticas o física. Por tanto, el problema no está en que algo no se sepa, sino en que cree saberse porque es lo que creemos haber aprendido, y en realidad hemos mal-aprendido, por no habernos molestado en indagar en el tema. En conclusión, la incultura no nace de la falta de conocimiento, sino de la falta de curiosidad. 

3 comentarios:

Antonia dijo...

¡Exacto!, de hecho todo científico sensible, preocupado y curioso se siente atraído por las letras, de igual manera aquel que quiere entender el mundo y describirlo o bien interpretarlo necesita de la ciencia. Es cual moneda, ¿qué vale más? ¿cara o cruz?

Eva Perez dijo...

Estoy de acuerdo Rocio, ambas son importantes. Me gusta :)

Carla Portillo dijo...

Estoy muy de acuerdo. A mi también me sorprende que haya gente incapaz de reconocer su ignorancia y los errores, pues para llegar a ser primero se ha de saber qué eres.