23 de octubre de 2011

"La fiesta nacional"


La corrida de toros es un espectáculo que consiste en lidiar con varios toros bravos, bien sea a pie o a caballo, en un recinto cerrado llamado plaza de toros. Esta corrida se puede dividir en tres partes: la primera que consiste, resumidamente, en la salida del toro a la plaza y el diestro, armado con el capote, le torea. Mientras, dos picadores se sitúan en los extremos de la plaza. En la segunda parte se le ponen tres banderillas al toro a través de los banderilleros. En la tercera y última parte, el diestro, armado con la muleta ya en vez de con el capote, dará muerte al toro, clavándole la espada o estoque en el corazón cuando dicho animal le embiste.


La corrida de toros, para algunos, es considerada un arte por el hecho de mostrar el valor, el riesgo, la nobleza, y la cultura nacional. Pero, ¿acaso es necesario matar a un animal para demostrar todo eso?. ¿Se puede llamar arte, espectáculo o diversión a dicho acto?. Como bien dijo Víctor Hugo, un escritor francés, “Torturar a un toro por placer, por diversión, más que torturar a un animal es torturar una conciencia”. Qué clase de hombres se atreven a matar a un animal por diversión, y lo peor aún, qué tipo de personas son las que lo aplauden y halagan. Sin duda, gente sin entrañas como bien  refleja un texto de Larra que dice lo siguiente: “todo el tiempo es corto para llegar al circo, adonde van a ver a un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres, unas a pie y otras a caballo, que se van a disputar el honor de ver volar sus tripas por el viento a la faz de un pueblo que tan bien sabe apreciar este heroísmo mercenario”. Por otro lado, realizando una comparación desde el siglo XVIII (cuando nacen en España las corridas de toros) hasta hace unos años, podemos ver que antes esta fiesta nacional era un hecho, algo indiscutible que la mayoría de las personas veían normal. Sin embargo, actualmente, con la libertad de opinión que hemos ido adquiriendo, el pensamiento de más personas ha ido variando como refleja una encuesta realizada que afirma que a principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los españoles, en los 80 este colectivo representaba alrededor del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados se desplomaron, situándose en torno al 30%. Estos porcentajes varían según la zona española en las que los realicen, pues en Galicia, Asturias, Cataluña, Aragón, Valencia y Canarias, el interés en las corridas de toros es considerablemente menor.

Así, concluyo afirmando mi postura en contra de las corridas de toros, las cuales creo que deben ser abolidas a pesar de ser una tradición española. Los tiempos avanzan y las personas deberíamos avanzar con ellos. Matar a un animal por placer refleja una mente cerrada y antigua que no corresponde al siglo XXI. 


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