16 de marzo de 2010

Mi lectura del quijote

No es solo una obra entretenida que narra la historia de un noble que ha perdido la cabeza, además es una importante denuncia social dirigida a cuestionar, sobre todo, el ingrato trato a la mujer, sometida a un fuerte machismo que intenta arrebatar su dignidad, siendo Cervantes un “feminista” que muestra en esta obra su apoyo a las mujeres. Es también crítico en lo referente a los estamentos, mostrando los importantes desequilibrios, tanto económicos como sociales, de las diferentes clases sociales, ataca a la injusticia, creada por la propia justicia, e incluso, en menor medida, critica subjetivamente al clero, ejemplo de esto se ve en el cura amigo de don Quijote, quién acusa al demonio de usar los libros de caballerías para causar el mal de su amigo. Pero el principal problema con el que la toma Cervantes es con el egoísmo, actitud que destaca en la mayor parte de los personajes y con la que intenta romper don Quijote. Esta característica se aprecia, sobre todo, en Sancho Panza, quién solo ayuda a su amo por la ínsula que éste le prometió, dándole igual lo que a don Quijote le ocurra. Por último se puede afirmar que, fuera del ámbito social, es una obra crítica contra las novelas de caballerías, haciendo recordar que lo que caracteriza a la novela española es la realidad, no la ficción.

Muestras de esta lucha llevada a cabo por don Quijote se aprecian en capítulos como el cuarto, en el que defiende a un joven que está siendo injustamente ajusticiado por su amo, o el veintidós, en el que, por equivocación, libera a unos presos, detenidos por diferentes malas acciones y por ello conducidos a las galeras como castigo, que, según él, eran tratados como esclavos, cuando en realidad no eran más que unos criminales, queriendo defender la libertad del hombre. El buen trato que Cervantes rinde a las mujeres se muestra en capítulos como el tercero, en el que da títulos de doña a dos mozas que no eran del partido, o en el capítulo decimocuarto, en el que defiende la inocencia de Marcela, una pastora, frente al suicidio de quien la amaba por no ser amado por ella, diciendo que ella no estaba obligada a quererlo. La crítica a las novelas de caballerías se ve en la propia locura de don Quijote como la ficción y en la racionalidad de Sancho, como si fuera el nexo de unión entre la realidad del mundo y la imaginación de don Quijote. Por otra parte, Sancho también representa la ignorancia, el pueblo, como si de una marioneta se tratara, obedece y no pone en duda lo que su amo (el noble) le ordena, sin pararse a pensar en muchas ocasiones en la veracidad de los actos de su amo, aunque lo que mueve más a Sancho, como ya se ha dicho antes, es el materialismo, siendo consciente en muchas ocasiones de lo que su amo hace, pero, como él lo que espera es conseguir su ínsula, le da igual las consecuencias que actúen sobre su amo. Una muestra de la ignorancia que caracteriza a Sancho son los refranes, que, como si fuera un ordenador al que le hubieran previamente programado sus pensamientos, son la base de sus conocimientos. Sin embargo, a medida que avanza la obra, se observa una progresión positiva en la capacidad de análisis de Sancho Panza, haciéndose más atento. También se puede añadir como ejemplo de los desequilibrios estamentales y del machismo lo que acontece en sierra Morena, donde se encuentra a Cardenio, Dorotea, don Fernando y Luscinda. Cardenio y don Fernando eran amigos, ambos nobles, y don Fernando le pidió la mano a una campesina, Dorotea, algo increíble dada la diferencia social, y a la que abandonó finalmente cuando se aburrió de ella. A su vez, Cardenio era enamorado de la bella Luscinda, una noble, pero don Fernando traicionó a su amigo y, presentando sus riquezas al padre y madre de Luscinda, la obligó a casarse con él. Con todo esto Luscinda intento suicidarse y Cardenio huyó a la sierra donde enfermo de locura. Finalmente se encuentran los cuatro en el capítulo XXXVI, terminando Cardenio y Luscinda juntos y don Fernando y Dorotea igualmente.

En conclusión se puede decir que el Quijote es una obra de carácter didáctico y crítico, tanto social como literario, que marcó la diferencia, no solo en su época, si no también en la actual, intentando, como ya se ha mencionado al principio, devolver el carácter realista al género literario español y criticar todos los aspectos nocivos de la sociedad, pero de una manera tan sutil y “adornada” que no fuera vetada ni castigada, ya que, irónicamente, en principio solo es una novela caballeresca más, pero una vez que lo lees es un importante instrumento de análisis y comprensión de la sociedad estamental del siglo XVII.

1 comentario:

ANTONIA dijo...

Tiene además, una anécdota muy divertida, ¿recuerdas cuando el cura se disfraza de mujer antes de encontrar a la supuesta princesa Micomicona?... parece como si Cervantes se riera de las diferecias sociales, que estoy segura consideraba hipócritas.
¡Enhorabuena por tu texto!