10 de marzo de 2010

Mi lectura del Quijote

Hoy en día, sucede en muchas ocasiones que queremos tanto una cosa que nos volvemos locos y nos imaginamos que eso puede hacerse real o incluso “inventamos un mundo” en el que todo eso se hace realidad, debido a que el mundo real, es decir, nuestro mundo, no nos gusta, nos parece injusto o, simplemente, no se adapta a nuestra idea de un mundo perfecto.

Podemos poner de ejemplo a un joven idealista que tiene unos sueños y en su mente crea un mundo en el que esos sueños se han hecho realidad. Aunque más tarde, cuando madura, se da cuenta de lo que es la realidad y lo que son los sueños.

Quizá eso sea lo que le pasa a Don Quijote, pero a él le ocurre que de tanto leer, se queda medio loco e inventa un mundo en el que suceden todas las cosas que ocurren en sus libros de caballerías, es decir, no le gusta nuestro mundo, el mundo real, por lo que inventa otro que se ajusta más a sus deseos o a sus gustos.

A él le encantan los libros de caballerías, se pasaba todo el día leyendo, sin descansar para dormir e incluso olvidaba la necesidad de comer, y sin darse cuenta de que la compra de todos los libros de caballerías, podría acabar con la ruina de su hacienda. Al final, ¨ del poco dormir y del mucho leer se le seco el celebro, de manera que vino a perder el juicio”, es decir, que hace cosas que no son normales, que la gente que vivimos en el mundo real, las definimos como ¿extrañas?, ¿raras?, algo parecido a eso.

De tanto leer, se vuelve medio loco, e inventa un mundo que para él era el ideal. Cambia su nombre de Alonso Quijana a Don Quijote de la Mancha, vuelve a coger las armas oxidadas de los antepasados, el flaco caballo toma el nombre de Rocinante, y aquella campesina a la que en el pasado amó se transforma en la doncella amada a la que dedica todos sus triunfos. En su primera salida, piensa si de verdad él podría ser un caballero, es decir, que de una forma, intenta volver a la realidad, por lo que podemos entender que no estaba loco “del todo”, simplemente, ¿quería cambiar la realidad?, pero, al final, el mundo que se ha imaginado vence a lo real, y vuelve a pensar que puede ser un perfecto caballero. Su locura le lleva a hacer cosas o imaginarse cosas que quedan fuera de los límites de nuestra imaginación, como por ejemplo imaginarse las ventas como castillos, los campesinos pasan a ser caballeros, las prostitutas a doncellas, y cabe recordar, la famosa situación en la que Don Quijote lucha con unos molinos porque piensa que son unos gigantes. En todos estos ejemplos, vemos que lo que Don Quijote hacía era cambiar todo lo “feo”, lo “malvado” a su contrario. Al hacer esto, le otorga a su “propio” mundo la belleza de los castillos, la honra de los caballeros, la dignidad de las doncellas, etc.

Todo esto hace que la gente le tome por loco, pero ¿estaba realmente loco o, simplemente, quería inventar un mundo en el que pasaran las mismas cosas que en los libros de caballerías: las doncellas, las batallas, etc.?

Don Quijote nunca llegó a estar loco, solamente le gustaba tanto lo que ocurría en los libros que quería que el mundo fuese tal cual como lo describen. Lo que sí está claro, es que veía las cosas de distinta forma a como las ve la gente, pero no por eso tiene que estar loco, porque por ejemplo cuando un genio, un artista, un poeta, un científico, cambia la vida o la visión del mundo, como lo hizo, por ejemplo, Einstein cuando presentó la Teoría General de la Relatividad, en ese momento cambió el mundo, cambió nuestra forma de ver las cosas, pero ¿a él se le considera un loco? No, al revés, se le considera un genio por haber propuesto eso.

En conclusión, podemos decir que Don Quijote no era un enfermo mental, sino que de tanto leer libros de caballerías se había imaginado un mundo. Y yo creo que la locura como obsesión por algo no nos beneficia, pero la locura o ilusión por alguna cosa, es necesaria y beneficiosa en la vida, ya que siempre hay que tener un sueño y luchar por cumplirlo.

Natalia Oporto

1 comentario:

ANTONIA dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo Natalia. Creo que si no tenemos sueños, no llegamos a "vivir" plenamente.
Enhorabuena por tu texto.